Creen que es alergia, pero es amor. En realidad la nariz roja y los ojos llorosos fueron mi mejor coartada para colarme en el funeral.

 

-¿Pero mujer, con su alergia, cómo se le ocurre trabajar para una floristería?-preguntó la viuda.

- Vocación, supongo- respondí fingiendo un estornudo.

Mientras me dirigía al altar con la corona de flores pensé que debía tener cuidado. El mínimo paso en falso podía desvelar que yo amaba a ese muerto.